lunes, 27 de febrero de 2012

Historia del ornitorrinco

Venga, hagamos un esfuerzo.

Expliquemos algo, algo divertido, algo divertido como una historia de amor. Una historia de amor de esas absurdas, de las que no tienen lógica. Como si un pato y un castor se conociesen en la charca cercana al río y, después de discutir fuertemente sobre quién de los dos es más apto para la vida acuática se besaran como si no hubiera mañana, pero de ese beso sólo nace incertidumbre porque son excesivamente diferentes.

Y no se quieren volver a ver por el qué dirán, pero es inevitable, son animales acuáticos que vienen en el mismo río, están destinados a encontrarse cerca del agua, y siempre que se ven disimulan, fingen ser amigos, pero mienten y se mienten, no son amigos, son dos animales acuáticos demasiado diferentes que un día discutieron y se quisieron.

Sí, esta historia no es divertida, la parte graciosa llega cuando, al final, tienen una cría de ornitorrinco. Y es así cómo apareció el primero.

Y los ornitorrincos sí que son animales graciosos, con sus picos, sus colas y sus patas.

Sin embargo, para el pato y el castor, al principio no fue una historia de amor, a duras penas llegaron a considerarla una historia.

Para ellos era muy difícil que pudiera surgir algo de ahí, cada uno quería estar con los de su especie, era lo que habían aprendido, lo fácil para ellos, y no tenían la necesidad de aprender que podía aportar la nueva especie.

Miedo es la palabra que les definía. ¿Y si todo el mundo que habían construído hasta entonces pasaba a descontrolarse, independientemente de para bien o para mal? Tener que crear un universo, una realidad, de nuevo, de cero. ¡Qué tedioso trabajo se avecinaba! Y yo los entiendo, ¿quién querría hacer eso?

Pero, al final, se arriesgaron, y apareció el ornitorrinco. El animalito es gracioso y perfectamente adaptado para la vida acuática, lo mejor de cada uno de ellos, pero ellos se han divorciado.

A fin de cuentas, son especies diferentes...

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